domingo, 9 de octubre de 2016

Violencia y sociedad

Por ANULFO MATEO PÉREZ

La violencia continúa siendo un fenómeno preocupante en todo el planeta, y en particular en la sociedad dominicana donde se ha incrementado de forma inusitada, lo que debe ser estudiada por los expertos y al Estado a reducirla, ya que afecta a todos, y mucho más a los sectores empobrecidos.

La conducta violenta es una expresión descontrolada de la agresividad innata del ser humano y de otras especies inferiores en la escala animal, mediada por un aprendizaje culturizado en su entorno desde la niñez.

Martín H. Teicher, de la facultad de Medicina de Harvad, afirma que el maltrato infantil "desencadena una cascada de procesos moleculares" que incrementa la agresividad hasta alcanzar la edad adulta.

No obstante, la repercusión de la violencia en la familia y en la sociedad debe considerarse en el contexto biopsicosocial; en sus causas socioculturales, económicas, políticas, históricas, religiosas, entre otras.

El fenómeno lo generan la exclusión social y económica, analfabetismo, desempleo, marginalidad e inseguridad social, insalubridad y autoritarismo. Todas son en sí mismas expresiones de la violencia.

El problema es grave. El doctor Roberto Briceño-León en un evento del CLACSO informaba, que para el 2001 morían de forma violenta en América Latina unas 5 mil personas, y ahora ese mal se ha multiplicado.

A esa vorágine se le suma en las últimas décadas, el incremento del narcotráfico y consumo de drogas, así como la ostentación de riquezas fruto de la corrupción, sobre todo la entronizada en el estado.

El experto español José Sanmartín sostiene que la exclusión social multiplica por cuatro el riesgo de la violencia individual y colectiva. Una advertencia a los que detentan el poder en la República Dominicana.

domingo, 19 de abril de 2015

Locura compartida

Dr. ANULFO MATEO PÉREZ 

La locura compartida o “folie á deux” es un trastorno mental a nivel psicótico, descrito por primera vez por Ernest-Charles Lasègue y Jean-Pierre Falret en 1877, que se caracteriza por un vínculo delirante común de dos o más personas que viven en una relación estrecha, ajenas a su entorno social.

Se trata de un trastorno psicótico compartido por dos personas (folie á deux), folie à trois, folie à quatre, folie à famille o incluso folie à plusieurs (locura de muchos), en circunstancias excepcionales. 

Luego de un período de investigación, Lasègue y Falret resumían sus conclusiones, advirtiendo que en circunstancias ordinarias, los síntomas psicóticos de una personas no contagian a otra psicótica o sana.

Precisaron que este contagio de los síntomas psicóticos sólo puede producirse en condiciones especiales, en una relación donde una de las personas es la dominante, y que por lo general es más inteligente que la otra.

En esas condiciones, una impone sus ideas delirante sobre la pareja más pasiva, que en principio estaba sana. Las dos habían vivido muy unidas en el mismo ambiente durante un largo período, aisladas del exterior.

Las ideas delirantes que son compartidas se conservan dentro de los límites posibles, referentes a vivencias pasadas o en expectativas comunes. El trastorno es parecido no importando el lugar en que ocurra.

La folie á deux es más frecuente en mujeres, siendo la herencia un factor predisponerte cuando se trata de personas de la misma familia. Una medida para tratar el trastorno es separar a las personas afectadas.

El segundo sujeto está menos enfermo que el primero, aunque por lo general tiene una personalidad esquizoide y suspicaz. El individuo receptor puede remitir de forma espontánea o con tratamiento.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Los adultos mayores

Por ANULFO MATEO PÉREZ

El desarrollo sostenido de la ciencia y la técnica ha permitido que el género humano prolongue su existencia. En la actualidad el número de personas mayores de 60 años es dos veces superior al que había en 1980. Se calcula que para el 2050, habrá casi 395 millones de personas de 80 años o más.

Es decir, habrá cuatro veces más personas de esa edad más que ahora. Esta realidad ha empujado a que los ancianos reciban mayor atención de la sociedad, aunque no toda la deseada.

Inicialmente la medicina abordó los problemas de salud de los adultos mayores a través de la geriatría, pero debido a las complejidades presentadas (aumento de la población y nuevas realidades) surgió la gerontología.

Esta especialidad estudia la vejez desde el punto de vista biológico, psicológico, sociológico y económico. Pese a los prejuicios y discriminaciones, esta condición humana puede ser normal y no necesariamente patológica.

En esta etapa, se puede disfrutar de la vida a plenitud, dejando a un lado, por supuesto, las necias comparaciones con la juventud. Por lo demás, es conveniente diferenciar la senectud de la senilidad.

La senectud es el discurrir normal de la persona adulta mayor, mientras la senilidad es el estado patológico. Dijo Cicerón: “los viejos conservan su intelecto, si mantienen activa su mente y la emplean a toda capacidad”.

En la República Dominicana, como en otros países del Tercer Mundo, desprovistos de una adecuada seguridad social, millones de gerontes constituyen una carga familiar, viviendo en la soledad más absoluta.

Contrario al inexacto criterio de que “la vejez es un estado infinitamente triste”, se impone la realidad de que en esta etapa de la vida, se gana la serenidad de juicio, una mayor objetividad y prudencia.

lunes, 25 de noviembre de 2013

¿Está usted deprimido?


Por ANULFO MATEO PÉREZ

La respuesta a esta pregunta no siempre es objetiva. Muchas personas realizan sus actividades cotidianas cargando un fardo de malestares que suelen asociar al pródromo de afecciones gripales o al cansancio por exceso de trabajo, cuando en realidad están siendo afectadas por una depresión.

Esta enfermedad es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una disminución de las energías psíquicas, físicas, y de la autoestima; el pensamiento se hace lento y su contenido es de ideas tristes y sobrevaloradas.

Al paciente le embarga el pesimismo, autocompasión, limitando su relación con el entorno social, disminuyen sus funciones sexuales y neurovegetativas. Realizar el aseo personal resulta una verdadera proeza.

Por supuesto, la depresión puede presentarse desde una fase subclínica (leve), casi imperceptible, hasta una depresión profunda, con un rango psicótico que puede amenazar la vida por las ideas suicidas.

El deprimido puede presentarse irritable, poco amigable y rechazar el contacto social. La vivencia depresiva es indescriptible: se conjugan la tristeza, amargura, remordimiento, apatía y sentimientos de culpa.

Por lo general, el enfermo tiene conciencia de su incapacidad y es cuando aparecen las ideas de que la vida no vale la pena, presentando el acto suicida para terminar con el sufrimiento depresivo.

En textos bíblicos se haya descrita la depresión. Ya se había conocido ese padecimiento en los relatos de Homero, Aristóteles, Areteo, Asclepíades, Plutarco y otros ilustres predecesores de nuestra cultura.

Hipócrates había descrito la depresión en el filósofo Demócrito, quien a su vez se empeñó en estudiar la “bilis negra”, como supuesta fuente de la enfermedad. Hoy conocemos su fisiopatología y tratamiento.

Gracias al avance de las ciencias y la técnica, hoy conocemos la etiopatogenia de los trastornos del ánimo, y que la depresión no tiene ninguna relación con la “bilis negra”, como pensaba el filósofo Demócrito, sino con neurotransmisores cerebrales, las catecolaminas, que se hallan en el sistema nervioso central.

Estudios a nivel cerebral nos han permitido conocer que la noradrenalina y la dopamina participan en el tono afectivo y que si disminuyen causan depresión y si se elevan exaltación del estado de ánimo.

Estas conclusiones han contribuido a que la industria biomédica elabore moléculas que al ser ingeridas eleven los niveles de esos neurotransmisores y restablezcan, junto a la psicoterapia, la salud del enfermo.

En el pasado, reputados autores consideraron la depresión como la “epidemia del siglo” XX, y tal concepto se mantiene vigente, dada la alta incidencia y prevalencia de la misma, así como del suicidio.

Ese trastorno del ánimo afecta a hombres y mujeres, a infantes y adultos, ricos y pobres, obreros e intelectuales, militares, políticos militantes e indiferentes, a religiosos y no creyentes, en fin, a los distintos segmentos de la sociedad.

La depresión puede presentarse como síntoma acompañante de otras afecciones y como enfermedad. Puede ser reactiva a contingencias generadas en la interrelación sujeto-medio y de origen endógeno.

Puede ser secundaria a tumores cerebrales o a la esclerosis, infecciones, trauma craneo-encefálico, o como secuela de otras afecciones como la epilepsia y la enfermedad de Parkinson.

Es muy frecuente tras los accidentes cerebro-vasculares, en el alcoholismo y otras toxicomanías. En enfermedades renales, hepáticas, diabetes mellitus, hipotiroidismo, menopausia y tuberculosis pulmonar.

Los medicamentos para el control efectivo de la hipertensión arterial pueden provocar depresión, al igual que los anticonceptivos, anorexígenos, corticosteroides, tuberculostáticos, así como los neurolépticos para el control de afecciones mentales, con frecuencia usados sin supervisión médica. Por esa y otras circunstancias es que se recomienda acudir al facultativo para una evaluación periódica, momento en que este revalorará los usos de esas y otras moléculas y reajustará el tratamiento, si es necesario.

Resulta peligrosa la automedicación para tratar síntomas o enfermedades; recordemos que los fármacos tienen efectos colaterales y contraindicaciones, sobre todo en los adultos mayores, dados a la polifarmacia.

En la tercera edad -sin aparentes causas- la depresión puede manifestarse sin historia de haber sufrido antes de esa enfermedad, es lo que conocemos desde hace décadas como melancolía involutiva.

En esta etapa de la vida, el cuadro clínico se caracteriza por un dramático estado de desolación, acompañado de una vasta sintomatología encabezada por la tristeza y dominada por la agitación ansiosa.

La melancolía involutiva coincide con la pérdida de memoria, rigidez del carácter, irritabilidad, labilidad emocional, fases de inseguridad y perjuicio, por quienes han tenido el privilegio de alcanzar la tercera edad.

La depresión -en todas sus expresiones clínicas- puede ser tratada con éxito de forma ambulatoria o mediante hospitalización, con la estrecha alianza del paciente, de su médico, familiares y otros relacionados.

No debemos olvidar, que esta enfermedad puede conducir al suicidio, por lo que no debe ser subestimada por ningún miembro de esa alianza. ¿Estás deprimido/a? No te quedes callado/a, ¡pide ayuda!        

viernes, 4 de octubre de 2013

Consumo excesivo de café aumenta riesgo de mortalidad

Un nuevo estudio advierte a las personas menores de 55 años que tomar más de 28 tazas de café a la semana, cuatro por día, podría aumentar el riesgo de mortalidad por cualquier causa, según informa el diario británico “The Guardian”, enfatizando en que el exceso de café puede ser un asesino potencial.

La investigación se realizó a gran escala, pues contó con la participación de casi 50 mil personas, de entre 20 y 87 años, grupo con el cual se determinó que el consumo excesivo de esta bebida puede afectar negativamente al metabolismo, contrarrestando de esta manera algunos de los beneficios que trae para la salud.

Casi 2 mil 500 muertes se registraron en el transcurso de los 16 años del estudio y un poco menos de un tercio de ellas se produjeron a causa de enfermedades del corazón y las arterias.

Los investigadores admiten que se desconoce qué componentes de esta bebida pueden ser responsables de tales efectos.

Asimismo, el estudio indicó que aquellas personas que bebieron grandes cantidades de café eran más propensas a fumar y tenían los pulmones y el corazón menos saludables.

Con estas conclusiones, los investigadores advierten que las personas más jóvenes deberían evitar el consumo de café en grandes cantidades y afirman que el impacto de la bebida parece ser más grave en las mujeres.